Friday, March 23, 2012

Poema 14 by Pablo Neruda



Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
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You play each day with the light of the universe.
Subtle visitor, you arrive in the flower and water.
You are more than this little white head I clasp,
clustered between my hands each day.

You’ve resembled no one else since I’ve loved you.
Let me lay you down among yellow garlands.
Who writes your name with letters of smoke among the southern stars?
Ah, let me remember you the way you were then, when you did not exist.

Suddenly the wind howls and bangs against my shut window.
The sky is a net curdled with shadowy fish.
Here assemble all the winds to blow, all of them.
The rain sheds its dress.

The birds pass by, running away.
The wind. The wind.
I can struggle only against the strength of men.
The weather swirls the dark leaves about
And sets free the boats that last night were moored to the sky.

You are here. Ah, you do not run away.
You will respond to me even to the last cry.
Curl up next to me as if you were afraid.
Even though from time to time a strange shadow crossed your eyes.

Now, now too, little one, you bring me honeysuckle,
and even your breasts are perfumed.
While the sad wind gallops, murdering butterflies,
I love you, and my happiness takes a bite from your plum-shaped mouth.

How much hurt you’ll have given yourself getting used to me,
to my lonely, savage soul, to my name that all have driven away.
We’ve seen so often the shining star burn as it kisses our eyes,
And over our heads the twilight losing its way in twirling fans.

My words rained upon you caressing you.
I’ve loved so long your body of sun-drenched mother-of-pearl.
Indeed I think you the owner of the universe.
From the mountains I’ll bring you happy flowers, copihues,
dark hazel, and baskets wild with kisses.
I wish to do with you
what spring does with the cherry trees.

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